martes, 6 de abril de 2010

Hacia rutas salvajes

Sedienta recorría la sabana. Con el lomo castigado por el sol, agudizaba la vista para encontrar un poco de agua con el que saciarse. La melena enredada y el cuerpo lleno de polvo mostraban un tedioso camino de supervivencia. Andaba. Andaba lentamente con el paso firme de quién sabe lo qué busca y dónde encontrarlo.
Llegó. El instinto la llevó a la orilla de un río. El caudal, algo menguado, era de un agua fresca y cristalina... y tenía mucha sed. Bebió. Bebió con el ansia del pecado y después se sumergió en el agua refrescando cada parte de su cuerpo, con alevosía, hasta que, saciada, quiso descansar en la sombra del árbol que cuidaba de aquella orilla.

Era un árbol con la presencia del que ha sabido dónde mirar para ver, un ser sabio con cosas que contar. Se tumbó. Se tumbó despistada y, observó al mirar a lo alto que, sus ramas, eran un lugar perfecto para refugiarse y descansar. Se abalanzó decidida a trepar por su tronco. Obstinada, intentaba alcanzar a zarpazos una posición más elevada, pero la áspera corteza le arañaba la piel y no conseguía avanzar en su propósito.
Terminó cediendo de su irracional empeño y, sin volver a dirigir la vista hacia la copa del árbol, se tumbó placidamente en su sombra escuchando el vaivén del agua que empapaba sus extremidades. Alzó la mirada y, en sus ojos felinos se podia llegar a interpretar que, detrás de esos ojos firmes y salvajes, hay algo más que ese río, ese árbol, esa tierra e, incluso, que el mismo animal.
Hay un horizonte y un camino por andar.

Firmado: El Animal.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Pensando que pensar debía...

Después de los lutos del corazón, los entierros de la memoria, las esperanzas ultrajadas, y varias ilusiones anuladas por desuso, uno, o aprende a vivir con la decepción, o se corta las venas.

...Y es que la vida es, en definitiva, una secuencia de derrotas y frustraciones.

A veces, la excepción confirma la regla y surge una victoria; Pero, no nos engañemos: "Dios no juega a los dados" y, un triunfo, no es más que el fruto del aprendizaje de los reveses que, previamente, hemos asumido.

Lo curioso del fracaso es que, aceptado éste, al final termina por ser una bendición. Pues resulta que en la vida, unas veces se gana, y otras se aprende.

viernes, 29 de enero de 2010

Instinto animal

Algunos dicen que el hombre es un lobo para el hombre... pero a loba, no hay quien gane a una mujer. Con el instinto afilado, y los tacones por bandera, la loba recorre silenciosamente la noche, con el hambre escondido en la aparente fragilidad de sus movimientos, divertida y risueña, aplica la táctica de la indiferencia, y uno se cree cazador cuando descubre a la loba lamiéndose las pezuñas en cualquier rincón oscuro de la noche, porque la noche, amigos, es de ella.
La loba tiene rayos X en las pupilas, y debajo de la piel unos sensores especiales que le permiten descubrir la energía que recorre tu ser, así seleccionan a su presa. Luego emiten un perfume imperceptible que hace las veces de canto de sirena... Maestra en el arte de la caza, antes de que te des cuenta, eres cazador cazado.
...Pero las lobas, además de sutiles y discretas, son voraces e insaciables. Actúan con rapidez y determinación. Mientras te ofrecen el manjar de su piel, se alimentan de tu esencia y fortalecen su seguridad... Porque la loba, sólo es loba por las noches; cuando llega la mañana, la loba pierde sus facultades depredadoras, y se transforma en un cachorro asustadizo que depende del alimento emocional que le proporcionan sus víctimas nocturnas para poder caminar bajo la cegadora luz del día. Por eso al despertar, las lobas ya no muerden, solo lamen sus heridas.
Si alguna vez duermes con una, podrás comprobar como la luz del amanecer las vuelve tiernas y dóciles, se abrazan a ti como un bebé, necesitadas de mimos y cuidados... Si la correspondes, podrás poseer a una soberbia criatura de Dios, sino, la loba seguirá alimentándose cada noche hasta que encuentre los cuidados y atenciones que su instinto animal anhela.

sábado, 9 de enero de 2010

Invocación


El mundo era tiniebla. El ruidoso silencio de las criaturas de la noche lo abarcaba todo. Las miradas, perdidas en su danza de deseos oscuros, se encontraban sin saber realmente qué buscaban... pero se fundían, aunque fuera en una hoguera de vanidad. El presente era lejano, inalcanzable, como las estrellas.
El momento se escapaba de las manos, como un trance, sin saber de dónde venía, ni adónde iba, ni siquiera si pasó por aquí... Fugaz e imperceptible, como una melodía que no consigues recordar.

Anocheció paulatinamente, casi sin darme cuenta, y digo casi, porque sí que sentí como crecía la oscuridad... y sí, el horizonte era negro, pero,¡eran tan lindas las estrellas! Yo bailaba... bailaba y reía entregada a la invocación de los demonios, como buena bruja. La última vez que miré al cielo era todo oscuridad. De repente... ¿De dónde venía esa luz? ¿Pero si yo llamaba al diablo?
Pues sí, era él, y mi voz había sido escuchada en el seno del averno: sé que vienes a enseñarme la esencia de Lucifer. La noche ha poseído mi alma y ha llegado el momento, ya estoy preparada.

Comenzó a retorcer mi esencia, hasta ahogarme en el dolor de mi propio llanto. La noche, se hizo brutalmente pesada, densa, agoniosa. El tiempo, lento como un quejido ahogado. Entonces, y sólo entonces, desee con todas mis fuerzas escapar de la sombra, sombra que yo invoqué, desee imaginar la luz de una fresca mañana, desee renacer... Cerré los ojos, apreté los dientes, y con las pocas fuerzas que conservaba, grité como alma que lleva el diablo, pues me llevaba.
En un ínfimo instante el tiempo quedo congelado...
Abrí de nuevo los ojos y pude ver, que había comenzado a amanecer.